
Es muy común que confundas esta hernia con una inguinal, ya que están prácticamente lado a lado. La diferencia principal que notamos al revisarte es que la hernia femoral aparece un poco más abajo, justo en el pliegue donde empieza tu pierna. Aunque se parecen, esta variante la vemos mucho más seguido en mujeres y tiene una característica clave: el orificio por donde sale es muy estrecho y rígido.
Debido a este espacio tan reducido, el riesgo de que el intestino se quede atrapado o se estrangule es mucho más alto que en las hernias inguinales típicas. Por eso, en una hernia femoral no recomiendo la estrategia de "esperar a ver si molesta". Una vez confirmado el diagnóstico, lo adecuado es planear su reparación quirúrgica de forma oportuna, antes de que aparezca una complicación que obligue a operar de urgencia.
Para resolver este problema, mi abordaje preferido es la cirugía laparoscópica. Este abordaje ofrece una ventaja especialmente importante en la hernia femoral: una visión amplia de toda la región inguinal desde el plano preperitoneal.
Esto también permite revisar la región inguinal de forma amplia e identificar defectos asociados que pueden no haberse detectado antes de la cirugía. La reparación preperitoneal cubre tanto la región femoral como la inguinal del lado tratado. Todo esto se realiza mediante pequeñas incisiones y, en la gran mayoría de los casos electivos con buena evolución, permite regresar a casa el mismo día de la cirugía.

Confirmamos la presencia de la hernia femoral mediante exploración física y, si es necesario, ultrasonido o tomografía. Dado su riesgo, programamos tu cirugía sin largas esperas.
Mediante cirugía laparoendoscópica (eTEP o TAPP), corregimos la hernia femoral y revisamos la región inguinal desde el plano preperitoneal para identificar otros defectos asociados.
Al utilizar un abordaje de mínima invasión y un protocolo de analgesia desde la cirugía, buscamos que el dolor esté bien controlado desde las primeras horas. Si tu evolución es favorable, generalmente podrás regresar a casa el mismo día.
La hernia femoral es más peligrosa porque el espacio por donde protruye es estrecho y rígido, lo que aumenta el riesgo de que el contenido quede atrapado. Si una porción de intestino se incarcerara en ese espacio, puede comprometerse su circulación y convertirse rápidamente en una urgencia quirúrgica. Además, por su ubicación profunda y su tamaño reducido, algunas hernias femorales pueden pasar desapercibidas hasta que comienzan a causar síntomas o una complicación. Por eso, una vez que confirmo una hernia femoral, mi recomendación es repararla de forma programada y oportuna, sin esperar a que empiece a dar síntomas importantes. El objetivo es reparar el defecto antes de que pueda convertirse en una urgencia médica.
En pacientes adecuados, y cuando la realiza un cirujano con experiencia específica en cirugía laparoendoscópica, considero la laparoscopía el abordaje superior para la hernia femoral. Al trabajar desde el espacio preperitoneal puedo visualizar de forma amplia la región femoral e inguinal, proteger las estructuras vasculares cercanas y colocar una malla que cubra adecuadamente ambos espacios. Este abordaje también permite identificar defectos asociados que podrían pasar desapercibidos. Además, al realizarse mediante pequeñas incisiones, suele favorecer una recuperación más rápida y un menor riesgo de dolor crónico en comparación con algunos abordajes abiertos. Por eso, en mi práctica priorizo la cirugía laparoscópica siempre que las condiciones del paciente y de la hernia lo permitan.
Generalmente no. Cuando la cirugía es programada y la evolución es favorable, la mayoría de los pacientes puede regresar a casa el mismo día o después de una corta estancia. Fomentamos la movilización temprana y un buen control del dolor desde las primeras horas. Si la hernia llega a operarse de urgencia, existe compromiso intestinal o tus condiciones médicas requieren vigilancia adicional, la hospitalización puede ser mayor.