
Para identificar esta hernia, trazamos una línea imaginaria desde tu ombligo hacia arriba, hasta llegar al esternón (lo que comúnmente llamamos la "boca del estómago"). Un bulto en esa zona, especialmente si aparece o aumenta con el esfuerzo, puede hacer sospechar una hernia epigástrica. Algunas también producen dolor o sensibilidad localizada.
Hay dos detalles importantes que muchas personas desconocen y que pueden cambiar el tratamiento:
1. Pueden existir varios defectos: algunas personas tienen más de un pequeño orificio a lo largo de la línea media, aunque solo noten un bulto.
2. Pueden coexistir con otras alteraciones: una hernia epigástrica puede aparecer junto con una hernia umbilical o con diástasis de rectos.
Por eso, durante la valoración no reviso únicamente el punto que te molesta: examino toda la línea media para identificar otros defectos que puedan influir en la reparación.
A diferencia de lo que se cree, en cirugía no existe una "técnica mágica" que sirva para todos. Para tu hernia epigástrica, mi enfoque es estrictamente individualizado. Dependiendo del tamaño del defecto, tu complexión y tus antecedentes, determinaremos juntos si la mejor opción para ti es una cirugía abierta convencional o un abordaje laparoscópico. El objetivo siempre es el mismo: una reparación sólida y duradera, pero el camino para lograrlo se adapta a lo que tú necesitas, no al revés.
De la misma forma manejamos tu seguridad durante el procedimiento. No usamos una anestesia "por regla"; el tipo de anestesia (ya sea regional o general) lo decide nuestro especialista en anestesiología, evaluando cuál es la opción más segura y confortable específicamente para tu organismo.

Evaluamos las características de tu hernia para decidir si el abordaje más seguro y efectivo es vía abierta o laparoscópica.
Cerramos el defecto y, cuando está indicado, reforzamos la pared abdominal para disminuir el riesgo de que la hernia vuelva a aparecer.
Con un protocolo anestésico adaptado a ti, buscamos un despertar cómodo, fomentamos la movilización temprana y te damos las pautas para retomar progresivamente tus actividades con un buen control del dolor.
Una hernia epigástrica no se cierra por sí sola con ejercicio, medicamentos o fajas. Si causa dolor, aumenta de tamaño o comienza a limitar tus actividades, la cirugía es el tratamiento definitivo. En algunas hernias pequeñas y completamente asintomáticas puede considerarse vigilancia, pero esa decisión conviene tomarla después de una valoración. Si el bulto deja de reducirse, aparece dolor intenso, vómito o distensión abdominal, es importante buscar atención urgente.
No todas las hernias epigástricas necesitan una incisión grande. Dependiendo del tamaño, el número de defectos y las características de tu pared abdominal, puedo utilizar cirugía abierta, laparoscópica o técnicas avanzadas de mínima invasión como eTEP. Cuando además existe diástasis de rectos, en pacientes seleccionados puedo utilizar abordajes endoscópicos como SCOLA para tratar de forma conjunta la hernia y la línea media. La técnica se elige buscando una reparación sólida, una recuperación adecuada y el mejor resultado estético posible.
Fomentamos caminar desde el mismo día de la cirugía. Muchos pacientes pueden retomar actividades ligeras y trabajo de oficina durante la primera semana, dependiendo de la técnica utilizada y de cómo se sientan. El regreso al gimnasio, la carga de peso o el trabajo físico lo ajustamos de forma individual según el tipo de reparación y tu evolución.