
Para identificar esta hernia, trazamos una línea imaginaria desde tu ombligo hacia arriba, hasta llegar al esternón (lo que comúnmente llamamos la "boca del estómago"). Cualquier bulto o dolor punzante en ese trayecto es sospechoso de una hernia epigástrica. Pero aquí hay dos detalles que mis pacientes suelen desconocer y que cambian el tratamiento:
A diferencia de lo que se cree, en cirugía no existe una "técnica mágica" que sirva para todos. Para tu hernia epigástrica, mi enfoque es estrictamente individualizado. Dependiendo del tamaño del defecto, tu complexión y tus antecedentes, determinaremos juntos si la mejor opción para ti es una cirugía abierta convencional o un abordaje laparoscópico. El objetivo siempre es el mismo: una reparación sólida y duradera, pero el camino para lograrlo se adapta a lo que tú necesitas, no al revés.
De la misma forma manejamos tu seguridad durante el procedimiento. No usamos una anestesia "por regla"; el tipo de anestesia (ya sea regional o general) lo decide nuestro especialista en anestesiología, evaluando cuál es la opción más segura y confortable específicamente para tu organismo.

Evaluamos las características de tu hernia para decidir si el abordaje más seguro y efectivo es vía abierta o laparoscópica.
Cerramos el orificio en la línea media y reforzamos la pared para evitar que la hernia vuelva a aparecer.
Bajo el protocolo anestésico ideal para ti, aseguramos un despertar tranquilo y te damos las pautas para retomar tu vida sin dolor.
Las hernias epigástricas no se curan solas ni desaparecen con fajas o ejercicio; por el contrario, tienden a crecer con el tiempo debido a la presión del abdomen. El principal riesgo médico de no operarla es la "incarceración" o estrangulamiento, que ocurre cuando un pedazo de grasa o intestino queda atrapado en el defecto de la pared abdominal, cortando su flujo de sangre y convirtiéndose en una urgencia quirúrgica. La cirugía programada y a tiempo es la única solución definitiva y segura.
En la actualidad, evitamos las incisiones grandes y dolorosas del pasado. Dependiendo del tamaño de tu hernia, realizamos técnicas avanzadas de mínima invasión (como cirugía laparoscópica o abordajes endoscópicos como eTEP y SCOLA). Esto nos permite reparar el defecto muscular y colocar la malla de refuerzo desde el interior utilizando incisiones milimétricas. El resultado es mucho menos dolor postoperatorio, menor riesgo de infecciones y un resultado estético superior.
Gracias a la reparación por mínima invasión, la recuperación es acelerada. La mayoría de los pacientes pueden caminar el mismo día de la cirugía y regresar a trabajos de oficina o actividades ligeras en 5 a 7 días. Para actividades que requieran esfuerzo físico mayor o levantar objetos pesados, recomendamos esperar entre 4 y 6 semanas para permitir que la malla se integre perfectamente a los tejidos de la pared abdominal.